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“Sostener la vida no puede seguir costándonos la nuestra: regularización, derechos y justicia social”

Hoy, 30 de marzo, las trabajadoras del hogar y de cuidados, organizadas y en lucha, alzamos la voz para denunciar una realidad estructural de desigualdad que atraviesa nuestras vidas: la invisibilización, la explotación laboral, el racismo institucional y la falta de derechos.
Las mujeres migradas sostenemos diariamente la vida en este país. Cuidamos a la infancia, a las personas mayores, a quienes dependen de otras para vivir. Lo hicimos en la pandemia y lo seguimos haciendo hoy, en condiciones que no se aceptarían en ningún otro sector.

Nuestro trabajo ha sido históricamente desvalorizado porque es feminizado, racializado y realizado en el ámbito privado de los hogares. Pero sin nosotras, el sistema de cuidados colapsa.
El trabajo de hogar y cuidados sigue siendo la principal vía de inserción laboral para mujeres migradas, pero también un espacio de explotación estructural.
Trabajamos jornadas interminables,en régimen de internas, sin derecho real al descanso, con salarios bajos y sin protección suficiente.
Estas condiciones generan un impacto directo en nuestra salud: dolores crónicos, agotamiento físico, estrés constante, ansiedad y enfermedades profesionales no reconocidas.
Muchas hemos pasado años trabajando en la economía sumergida debido a la Ley de Extranjería, trabajando sin cotizar, sin derechos, viviendo bajo el miedo permanente a la irregularidad.
La Regularización Extraordinaria se presenta como una oportunidad para transformar esta realidad, y debe servir para reconocer el trabajo invisibilizado durante años. permitir cotizar, salir de la economía sumergida y romper con la explotación.
Pero también lo decimos con claridad: sin cambios estructurales en el sistema de cuidados, la precariedad se reproducirá . La regularización debe reparar el pasado y abrir un futuro de justicia , especialmente para miles de mujeres migradas jóvenes.Para las mujeres migradas jóvenes, salir de la irregularidad supone abrir un horizonte que va mucho más allá del trabajo de hogar y de cuidados. Significa recuperar el derecho a elegir, a proyectar un futuro y a formar parte plena de la sociedad.
Mientras la irregularidad obliga a aceptar cualquier trabajo —precario, invisible y sin derechos—, la regularización permite algo fundamental: elegir.
Elegir dónde trabajar, en qué condiciones y en qué sector. Muchas mujeres jóvenes migradas cuentan con formación, experiencia o aspiraciones que quedan completamente anuladas en la economía sumergida. La regularización rompe ese techo invisible.
Esto no solo mejora sus condiciones materiales, sino que permite reconstruir trayectorias laborales coherentes con sus capacidades y proyectos de vida.
Es la posibilidad de romper el ciclo de precariedad que hoy condena a muchas a una vejez sin recursos.Hoy queremos sacar a la luz y denunciar especialmente la situación de las trabajadoras migradas mayores, expulsadas del mercado laboral a partir de los 55 años, con cuerpos agotados y sin acceso a pensiones dignas.
Las trayectorias laborales fragmentadas, los años sin cotización y la falta de reconocimiento del desgaste físico hacen que miles de mujeres enfrenten la vejez en condiciones de pobreza, soledad y exclusión social.
Las trabajadoras migradas hemos sido, y seguimos siendo, el pilar invisible que sostiene el sistema de cuidados en Euskal Herria . Hemos cuidado a las personas mayores, y a quienes dependen de otras para vivir. Hemos sostenido hogares ajenos mientras nuestras propias vidas
quedaban en pausa. Y, sin embargo, nuestras condiciones laborales, sociales y vitales siguen marcadas por la exclusión.

El trabajo de hogar y cuidados continúa siendo la principal puerta de entrada al mercado laboral para muchas mujeres migradas. Pero también es, en demasiados casos, una trampa de precariedad permanente.
Trabajamos largas jornadas, muchas veces en régimen interno, sin descanso real, con salarios insuficientes y sin reconocimiento pleno de derechos laborales. Este modelo genera un desgaste físico, emocional y mental acumulando dolores crónicos, estrés, ansiedad y agotamiento extremo que no son reconocidos como enfermedades profesionales.
A esto se suma la realidad de la irregularidad administrativa. Muchas de nosotras hemos tardado más de cinco años en acceder a un permiso de residencia, lo que condiciona toda nuestra vida laboral y nuestro futuro.
A partir de los 55 años, muchas somos expulsadas del mercado laboral. El cuerpo ya no resiste las condiciones impuestas, pero el sistema tampoco ofrece alternativas. Sin años suficientes cotizados, sin acceso a pensiones dignas, sin redes familiares ni vivienda propia, el futuro se
convierte en incertidumbre.

Envejecer siendo mujer, migrante y trabajadora del hogar implica enfrentar múltiples violencias entrecruzadas marcadas por las discriminaciones: género, origen, edad y clase. Esta intersección nos sitúa en una posición de extrema social y económicamente.
La pobreza en la vejez no es una casualidad: es el resultado de un sistema que se ha beneficiado de nuestro trabajo sin garantizarnos derechos.
Por tanto además de regularización, desde la Asociación Malen Etxea y el conjunto de trabajadoras del hogar y cuidados, exigimos:

  • Reconocer el trabajo ya realizado durante años en la economía informal. Es decir que se reconozcan las trayectorias reales de vida y trabajo.
  • Reconocimiento pleno de derechos laborales, equiparando el trabajo de hogar y cuidados al resto de sectores. Regulación real de jornadas y descansos, control de horarios como todos los sectores del trabajo.
  • Aplicar a las trabajadoras de hogar y cuidados el convenio de atención sociosanitario en domicilio . Reconociendo su profesionalización y funciones como principio de igualdad entre trabajadoras.
  • Permitir cotizar de forma continua para asegurar pensiones dignas y la aplicación de coeficientes reductores para la jubilación
  • Erradicar el trabajo de interna, reconociendo que es modelo que perpetúa la violencia neocolonial, capitalista, racista y patriarcal
  • Diseñar modelos de acceso a vivienda digna, especialmente para mujeres sin red familiar, como por ejemplo desarrollo en el pueblo de viviendas compartidas de alquiler social.
  • Políticas públicas específicas para mujeres migradas mayores, que garanticen una vejez digna.
  • Reconocimiento de las organizaciones de trabajadoras como interlocutoras políticas legítimas.

No aceptamos seguir sosteniendo la vida en condiciones de explotación.
No aceptamos un sistema que se beneficia de nuestro trabajo y nos abandona cuando envejecemos.
No aceptamos que la pobreza sea una herramienta para el control y la explotación de las trabajadoras migradas
Reivindicamos nuestro derecho a vivir con dignidad en todas las etapas de la vida.
Porque sin nosotras no hay cuidados. Y sin derechos, no hay justicia.
¡Regularización ya! ERRADICACION DEL TRABAJO DE INTERNA
¡Reconocimiento y dignidad para las trabajadoras del hogar y cuidados!
Eskerrik Asko !